La huelga de los insolidarios

El martes 8 de esta semana fueron convocados a la huelga por los sindicatos 2,5 millones de funcionarios. Los mismos sindicatos que en los últimos 2 años han aceptado reducciones salariales en más de una ocasión para salvaguardar muchos menos puestos de trabajo. Pero claro, en esta ocasión hablamos de funcionarios. Esos trabajadores privilegiados que parece que vivan en una burbuja y que mantienen sus puestos de trabajo independientemente de la que esté cayendo.

La reducción salarial será de un 5% de media y supondrá para los que cobran menos como 4 cafés al mes y para los que cobran una cantidad considerable será más apreciable. Sin duda un esfuerzo que seguramente asumirían de buen grado todos aquellos que se encuentran sin trabajo e incluso los que si lo tienen si como contrapartida tuviesen esa estabilidad laboral tan idílica como la que disfrutan los llamados a la protesta.

Cierto es que estos trabajadores (excluyamos a la clase política y demás escoria) no son los causantes de esta crisis, pero también es cierto que no es algo local (aunque las medidas o no medidas de nuestros dirigentes hayan ayudado a meternos más en el fondo) pero tampoco son los causantes los casi 5 millones de desempleados de este país. Trabajadores que por seguro firmarían encantados estar en la situación de los que protestan hoy.

Afortunadamente no han sido tantos los insolidarios que ajenos a situación económica global han salido a exigir sus privilegios particulares.

Ilustración de García Moran/La Gaceta de Salamanca

8 Comments
  1. Fernando says:

    Ya claro, lo único es que lo que se ha vendido a bombo y platillo como una reducción de salario a los funcionarios ha sido en realidad una reducción de salario al empleado público, que no es lo mismo.
    En Valladolid el número de funcionarios dentro de, por ejemplo, el área social del Ayuntamiento es de 1/3 del total de empleados, pero la medida que se ha adoptado es la de reducir un 4% al funcionario y un 5% al personal laboral, es decir, a ese personaje que trabaja para el Ayuntamiento por Obra y Servicio durante un tiempo indeterminado y al que todo el mundo mira mal por creer que es funcionario…

    No es Oro todo lo que reluce…

  2. alberto says:

    @Fernando
    No obstante, insisto en que en otras muchas ocasiones se ha aceptado una reducción salarial a cambio de mantener los puestos de trabajo incluso aceptada por los sindicatos.

  3. Fernando says:

    @alberto Es cierto, pero a lo que me refiero es que se ha querido vender como una reducción al funcionario para que la gente lo acepte con la idea de “Que no se quejen que son fijos”, pero mucha gente afectada no lo era, aunque en las noticias o en los sindicatos eso ni se comentó…

  4. alberto says:

    @Fernando
    Quizás haya sido una buena jugada por parte del gobierno “ocultar” que la reducción salarial no afecta sólo a funcionarios. También un error, cagada o interés de los sindicatos el no hacerlo ver a la opinión pública. Por otro lado, conozco de casos de personal laboral que prefieren no pasar a ser funcionarios porque ganan más dinero quedándose como están y teniendo prácticamente los mismos privilegios.

  5. Caldo says:

    Yo soy interino, y no he ido a la huelga, pues a pesar de quitarme mucho más de cuatro cafés al més (creo que no has calculado los descuentos de destino, ni los específicos, ni los trienios…), me parecía que podía y debía aceptar la bajada. Hasta aquí muy bien.
    Lo que me parece mal es que llames insolidarios a los que han ido a la huelga: ¿es que por ser funcionarios, laborales o interinos se reestringe tu derecho a la huelga o es que todo el mundo que hace huelga es insolidario? Hay muchas familias en las que el/los sueldos que entran en casa son de origen público, y el recorte les afecta bastante. Imagina que te quitan tu casa y al quejarte alguien te llama insolidario porque hay mucha gente que no tiene casa, ¡es absurdo!
    Vale que los que están parados se cambiaría por cualquier funcionario (bueno, como si ser funcionario no te costase tus buenas horas/dias/semanas/meses de estudio…), pero algunos de esos que ahora están parados en su día se compraron un BMW, y eso sin tener terminada la ESO, sin embargo yo sigo teníendo desde hace varios años un Citroën C3, el que espero que me aguante todavía muchos años más… Por cierto, no se si te acordarás de mi antiguo R21, de n-esima mano, pasó a mejor vida hace tiempo, pobrecito!

  6. Javier says:

    Al igual que Caldo creo que hay varias cosas que no has tenido en consideración.
    1º No solo fue una huelga contra unos ajustes económicos sino también por las formas.
    a) Resulta que tres meses antes se había firmado un acuerdo con el gobierno para mantener los salarios. No sé a los demás pero si yo incumplo un contrato me cae un papelón ¡¿Por qué al gobierno no?!
    b) La semana anterior ZP se reúne con MR y resulta que no hay nada que hacer que España esta muy bien. Le hacen unas llamadas y hay que cambiarlo todo urgentemente. ¡Tenemos un gobierno que no sabe gobernar y las decisiones se las toman otros!
    2º Hay más formas y mejores. Esta reducción podría hacerse en otros apartados (¿tantos ministerios? ¿Es posible que tuviera que ser por una petición independiente y no desde el ministerio que los diputados se bajaran los sueldos?)
    No nos engañemos si a nosotros nos quitan esos “cuatro cafés” el camarero también pierde esas “cuatro cajas” ¿Es que nadie ve que eso también influirá en sus negocios?
    3º Me parece incomprensible que porque la situación de un funcionario que, a priori es muy estable (sin tener en cuenta interinos y personal laboral) no podamos quejarnos y pedir / reclamar nuestros derechos que para algo son nuestros nos hagan lo que nos hagan.
    4º Escuché el mismo día de la huelga un comentario de un funcionario que lo resume bastante bien, cito:
    “Tengo un vecino albañil con el cual me encuentro todas las mañanas, antes de la crisis me decía que por el sueldo que gano él ni se levantaría de la cama y ahora que él se encuentra en el paro me recrimina diciendo que soy un afortunado”

  7. alberto says:

    En primer lugar dejar claro que estoy totalmente a favor de que todo el mundo pueda manifestarse. De igual forma os agradezco a todos que hayáis expresado vuestras opiniones y os invito a seguir haciéndolo.

    Por otro lado, creo que estamos de acuerdo en que Zapatero no es un hombre de palabra precisamente.

    También estoy de acuerdo en que es necesario recortar de otros sitios. Por ejemplo eliminar ministerios florero como el de igualdad y evitar gastos superfluos como el uso de 4 aviones por 4 ministros en un mismo día para desplazarse a la misma ciudad.

    Ahora me gustaría que hiciésemos un pequeño ejercicio de reflexión. Imaginad que trabajáis para una empresa que se encuentra una difícil situación económica en un punto en el que tiene que optar por cerrar el chiringuito y mandar a todo el mundo a casa, reducir plantilla o reducir salarios para poder seguir a flote. Por supuesto, siempre os queda la opción personal de dejar la empresa y buscar trabajo en otro sitio.
    Ahora pensemos que estos 2,5 millones de trabajadores afectados dependen de una “empresa” con una acusante falta de liquidez. En esta situación, se ha optado por una reducción salarial. La misma solución que ha parecido satisfacer a los sindicatos en muchas ocasiones anteriormente ahora no vale. Parece como que los privilegios de los empleados públicos deban estar por encima de las situaciones coyunturales existentes. Es totalmente entendible la reacción de enfado y protesta de los trabajadores que ven mermado su poder adquisitivo pero el doble rasero con el que actúan los sindicatos es lo que hace parecer intransigentes las protestas.

  8. Fernando says:

    Es cierto lo que dices, y yo creo que la mayor parte del empleado público ha entendido ese “arrimamiento de hombro”; creo que lo que ha sentado mal es que ADEMÁS no se hagan recortes en partes que dan mucho el cante (como los tan citados ministerios florero) o en el personal de confianza (necesita ZP 600 asesores para hacer lo que hace?)… Es lo de siempre, jode mucho ser el tonto que arrima el hombro mientras otros ni lo notan.