Por qué yo si doy mi voto de confianza a UNIDOS PODEMOS.

Por qué yo si doy mi voto de confianza a UNIDOS PODEMOS.

De un tiempo a esta parte hemos podido ver como desde diferentes sectores se aleja el foco de lo que pasa nuestro país hacia lugares o tiempos lejanos. No es algo nuevo, en absoluto, presentar algo distante para desviar la atención de la actualidad es una técnica utilizada habitualmente. Pero si resulta curioso la recurrencia de los mismos temas para atacar a las mismas personas de unos años hasta hoy.

Sin querer mirar hacia atrás en el tiempo demasiado, la gente que ha gobernado este país durante los últimos años nos ha venido diciendo que democracia significaba depositar una papeleta en una urna cada cuatro años. Y que durante estos intervalos de tiempo, quien hubiese conseguido formar gobierno, tenía “carta blanca” para hacer lo que considerase oportuno sin importar aquello que hubiera dicho en su programa electoral puesto que para eso les habíamos votado y supuestamente eso era lo que significaba la democracia. En este contrato implícito dejábamos que los que nos gobernasen tomasen todas aquellas decisiones políticas que considerasen mientras que nosotros podríamos disfrutar de nuestro supuesto conquistado estado del bienestar. Pero con el estallido de la crisis dicho contrato comenzó a resquebrajarse. Se nos dijo que éramos nosotros los responsables, que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, que era nuestra culpa el firmar una hipoteca pensando que seguiríamos teniendo trabajo para poder pagarla y en ningún caso del banco que nos la concedió a pesar de conocer y alentar para que su tasación estuviese por encima de su valor de mercado, porque ya de paso te compras un coche nuevo. Que los pensionistas eran responsables de perder sus ahorros al fiarse de su banquero al contratar unas preferentes, puesto que eran ellos, por supuesto, los que debían ser expertos en economía para considerar los pros y contras de tal producto financiero. Y que por supuesto, éramos todos nosotros los que debíamos colaborar a rescatar esos bancos que no habían tenido culpa de nada. Para lo cual teníamos que arrimar el hombro y “apretarnos el cinturón”. Eufemismo para comenzar a dinamitar todo ese supuesto “estado del bienestar”, reduciendo derechos laborales y sociales, desmantelando la sanidad publica, degradando la educación publica…

Pero va pasando el tiempo y para muchos el cinturón se convierte en una pesada y estrecha soga. Vemos como familias se quedan en la calle al no poder pagar la hipoteca por haberse quedado sin trabajo y observamos con indignación como bancos y grandes corporaciones continúan con beneficios millonarios, mientras con vergüenza torera muchos directivos de banca recogen indemnizaciones y pensiones millonarias, al tiempo que rescatamos con dinero público entidades financieras y aceptamos reformas laborales que no hacen más que continuar precarizando el trabajo en España. Y siguen diciéndonos la culpa de esta situación de miseria es de las propias familias. Y gracias a todos estos pasos atrás en derechos laborales y al incremento escandaloso en la tasa de paro, no es difícil conocer a gente que ha sido coaccionada a aceptar condiciones laborales o de salario indignas con la excusa de la crisis y a sabiendas de la situación precaria de gran parte de la población.

Algunos políticos, antes del 15M, se quejaban de que la población española, y especialmente la juventud, no salía a las calles a protestar como ya estaba ocurriendo en otros países. Por contra, en los inicios del movimiento 15M vimos como muchos representantes políticos y medios de comunicación ignoran lo que ocurre en las plazas y calles primero, para, a continuación, despreciarlo e insultarlo y terminar sentenciando que protestar es muy fácil y que si quieren cambiar algo que formen un partido y se presenten a las elecciones.

¿Y cuál fue la respuesta a toda esta indignación y descontento? ¿Qué fue lo que hicieron nuestros representantes políticos ante todas estas propuestas? Miraron para otro lado, dieron la espalda a la ciudadanía y siguieron aplicando medidas represivas a las libertades individuales y colectivas culminando con la infame ley mordaza. Una ley mordaza para que no protestemos, para que nos quedemos en casa y cerremos la boca y que si se te ocurre realizar una obra ficticia con títeres en el que se nombre a ETA te podremos encarcelar y de paso acusar a un gobierno municipal que no es de nuestro agrado de ser el responsable de todo. Porque algunos parece que nos saben diferenciar lo que es una obra de ficción y protesta de lo que es enaltecimiento del terrorismo.

Pero es que además, cuando los partidos hegemónicos PP y PSOE han tenido que tomar una decisión económica se han decantado del lado que fuese más favorable a las grandes empresas o a los que más tienen en lugar de mirar a la gran base social. Como así sucedió con la reforma del artículo 135 de la Constitución Española de la noche a la mañana sin hacer ninguna consulta a la ciudadanía. Constitución que hasta ese momento parecía inviolable y escrita en piedra fue reformada rápidamente para anteponer el pago de la deuda a la banca antes que los derechos sociales de los ciudadanos tales como pagar sueldos, pensiones, etc.

Pero el 25 de mayo de 2014, el día en el que Podemos obtiene, contra todo pronostico, 1.253.837 votos y llega a las instituciones europeas con cinco eurodiputados, se produce un punto de inflexión, el miedo que fabricaban los de arriba hacia la mayoría social comienza a cambiar de bando.

Ese miedo de que un movimiento ciudadano pueda realmente ocupar un espacio significativo en las instituciones, que algunos parecían considerar como algo propio, comienza a recorrer las espaldas de muchos que parecen ver peligrar los privilegios y status quo presente desde la transición. Y comienza un ataque sin cuartel a la representación ciudadana legítima que podría desbancarlos de su puestos. Vamos, que lo de formar un partido tampoco había que habérselo tomado al pie de la letra. Ahora parecen preocuparse por que la gente pueda tomar una decisión equivocada con su voto. Esos a los que sólo les preocupa que la gente pueda dar una opinión en forma de una papel dentro de una urna cada cuatro años.

Y es no mucho después de que esa indignación colectiva comenzase a ver una vía de escape y representación en las instituciones cuando el presidente del Banco Sabadell sugirió que seria bueno crear un Podemos de derechas. A lo cual el atento Albert supo recoger el guante y posicionarse como la alternativa natural y “limpia” para aquellos votantes del PP que huyen asqueados de los casos de corrupción que empapan hasta el tuétano al partido del gobierno en funciones.

Y hemos visto como mientras que al partido de Albert se le trataba con cierta condescendencia desde muchos medios, la máquina del fango comenzó a trabajar a pleno rendimiento contra los de morado. Nos han hablado de Venezuela, Irán, ETA, de Venezuela y ETA, de titiriteros y Reyes Magos, de Venezuela y Comunismo, ¿he mencionado Venezuela? Informes ficticios de una supuesta sección de la Policía que cuando han sido llevados a los tribunales por una asociación que se encuentra actualmente en prisión han sido rechazados una y otra vez por falta de fundamentos. Y mientras que se intentaba hacer uso de los órganos del estado y medios de información para atacar de forma partidista a un partido político legítimo de la oposición hemos seguido siendo espectadores de continuos casos vergonzantes de corrupción del partido del gobierno en funciones, de cajas B, de cuentas en Panamá, de un ministro de industria que tiene que dimitir mientras que el de interior se niega a dimitir y lo que le más le preocupa es quién hizo y filtró las grabaciones, al tiempo que un presidente en funciones no sabe nunca nada de lo que pasa en su partido o en su país.

Y es que cuanto mayor es toda esta campaña de la descalificación, de la difamación, de argumentos vacíos y del miedo, no hace más que reafirmar que son ellos mismos los que tienen miedo y que Unidos Podemos es la única alternativa posible a un cambio real en la forma de realizar política y atender a las necesidades sociales de nuestro país.

Os robaran vuestra casa, os quitaran las pensiones dicen. Pero quien sino ha permitido que una ley hipotecaria denunciada desde Bruselas como injusta siga desahuciando a familias de sus casas al tiempo que les dejan con una deuda que difícilmente podrán saldar.

Quien a propiciado que las condiciones laborales sean aun peores con sueldos que difícilmente pueden mantener las pensiones, al tiempo que se reduce a la mitad el fondo de emergencia en tan solo cuatro años.

¿Realmente ha descendido el paro? O no será que cientos de miles de nosotros hemos exiliado en busca de una situación mejor a sabiendas que ni siquiera tendremos derecho sanitario a nuestro regreso. No será que hay personas que tan desmotivadas por la situación dejan de buscar una salida y ni siquiera aparecen en las listas. ¿No es más cierto que el número de cotizantes hoy es menor que hace cuatro años?

Nos mean y nos dicen que está lloviendo.

Yo ya no puedo fiarme de aquellos que no usan la sanidad publica sino un seguro medico privado que encima les pagamos todos nosotros para que apuesten por una sanidad pública de calidad. Ni de que aquellos que envían a sus hijos a colegios privados puedan tener la misma determinación para defender los servicios educativos públicos.

¿De verdad alguien cree que estos van a prestar mas atención a centros de salud, hospitales, colegios y universidades publicas que a intereses de grandes empresas privadas en las que muchos de ellos acabarán con una “jubilación privilegiada”?

Lo siento, pero no puedo creer que los que durante tanto tiempo han estado al lado de unos pocos y han marcado la senda que nos lleva hasta donde nos encontramos ahora vayan a ser los que cambien el rumbo. Creo que aquellas personas que si han sufrido y vivido de primera mano las injusticias del sistema actual van a ser aquellos que defiendan con mas ahínco para recuperar los servicios públicos y las instituciones publicas para ponerlas a servicio de quienes siempre debió estar, el pueblo.

Seguro que han cometido y cometerán errores, todos los cometemos, pero confío en que no de la manera intencionada y favoreciendo a los de siempre como se ha estado haciendo hasta ahora. Así que a pesar de los errores cometidos, y hasta que llegue ese hipotético momento en que me demuestren que no fueron honestos o que sus intenciones no fueron las que decían, contaran con mi voto de confianza. Un voto para que lleguen a las instituciones y puedan llevar a cabo las medidas que prometen realizar, pero no una “carta blanca” que les permita no dar explicaciones y rendir cuentas a la ciudadania. Porque basta ya de que la democracia signifique meter un papel en una urna cada cuatro años.

Unidos PODEMOS.

 

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